12 Sep
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El refranero castellano, pródigo en soluciones casi para cada situación que se presente, es también muchas veces el reflejo de una sociedad prudente y cautelosa, que en lo referente al cambio laboral roza en ocasiones el miedo.Si hiciéramos caso de la sabiduría popular y del “más vale prevenir que curar”, del “malo conocido que bueno por conocer”, o del “pájaro en mano que ciento volando”, nunca cambiaríamos de empleo o emprenderíamos una nueva aventura empresarial.El mercado laboral español es complicado, y muchas veces nos ofrece ofertas de trabajo precarias que están a años luz de las de la mayoría de los países europeos.En esta ocasión, nuestro artículo va dirigido a ese pequeño grupo de privilegiados que por su experiencia y formación sí tienen un mundo de posibilidades “ahí fuera”, pero que en vez de aceptar o tratar de conseguir otros empleos que les permitan dar rienda suelta a su talento y evitar la frustración, deciden continuar apegados al que ya tienen, aunque no les guste y estén claramente desaprovechando buena parte de sus habilidades.Si algo hemos aprendido durante todos estos años dedicados al Executive Search, al talento y al sector de los RRHH en general, es que con frecuencia dejar un trabajo que te hace infeliz es más difícil y conlleva un proceso mental mucho más complejo de lo que a priori pudiera parecer, y todo pese a que en ocasiones sabemos, casi a ciencia cierta, que estamos en disposición de encontrar uno “mejor”. ¿Pero qué se esconde detrás de estas (no) decisiones? El miedo.

El miedo, una realidad natural

El temor al cambio laboral es inherente al ser humano y tras él se encuentra habitualmente el temor a ser rechazados, a lo desconocido, a no sentirnos capaces de afrontar otras realidades fuera de nuestra zona de confort, o a que nos alejen de un trabajo que nos aporta la estabilidad que creemos que “necesitamos”. Pero todo cambia nos guste o no, nada permanece, así es y así será siempre, y los puestos de trabajo no son una excepción y menos en los tiempos que corren.Hay momentos en los que la curva de aprendizaje se detiene, en los que ya no estás tan alineado con los compañeros, con tus responsables, con los valores o la cultura de la empresa, y en los que, a pesar de disponer de buenas alternativas, decides resistirte a la evolución natural de las cosas: el cambio. Ya ni siquiera la inercia es tu aliada, pero aun así te resistes porque tienes miedo, porque tu entorno no te anima y porque tu mente, temerosa por naturaleza, se ha convertido en tu principal enemigo.

La solución para combatir el miedo

¿Cuál es la solución? Seguramente pase por tratar de impulsar o aceptar el cambio cuando éste llegue de manera natural, y de aprender a no vivirlo como algo doloroso que evitar a toda costa.El mundo laboral ha evolucionado notablemente y a lo largo de nuestra carrera profesional cambiaremos casi con seguridad varias veces de empresa. De nosotros depende que esas transiciones sean como nosotros las deseamos para gozar no solamente de un trabajo estable, sino de uno que realmente nos apasione. Porque no existe el momento perfecto, y porque sentir miedo es un indicador deseable que simplemente nos señala que estamos saliendo de nuestra zona de confort. Y es que ¿Quién no ha pensado alguna vez aquello de: “tenía que haberlo hecho antes”?


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